
Hemos asistido a uno de los espectáculos más bochornosos de nuestra vida parlamentaria: prácticamente todos los partidos han apoyado o se han abstenido en la votación para ampliar el Estado de Alarma. Con ello han demostrado, no su preocupación por los derechos de los ciudadanos, sino cuenta les gusta gobernar por decreto, es decir: totalitariamente.
Del PSOE ya nos lo podíamos imaginar, su historia centenaria y sus amistades actuales y de antaño avalan su autoritarismo cuando no ansias dictatoriales; del PNV y CiU porque lo que quieren es seguir gobernando en sus feudos sin interferencias del poder central y, caso vasco, recuperar ese poder perdido en parte, solo en parte.
Más sorprendente resulta la actitud del PP. Ya sabemos que la doctrina Arriola, seguida fielmente por Rajoy, es la de ponerse de perfil y esperar que le caiga el poder sin esforzarse ni pronunciarse y, por ello, toma la decisión más cobarde e inicua: la abstención.
Estos son los políticos que nos gobiernan y los que aspiran a ello, ¡perdón! a mandarnos, sin tener que negociar, acordar o pactar, Convirtiendo en chivos expiatorios a unos trabajadores que, cierto, cometieron una arbitrariedad y serán castigados. Pero, me pregunto, con las arbitrariedades, presuntos y no tan presuntos delitos que cometen los políticos, ¿qué castigo tienen?, ¿qué estado de alarma se les aplica?, ¿por qué no se les puede encausar sin que sus homónimos parlamentarios den el visto bueno?,etc,etc.
Se ha tratado y conseguido en gran parte, desviar la atención de los graves problemas del país con este camelo manipulado, recordemos que el espacio aéreo se cerró antes del plante de los controladores. Así pasa sin más escándalo, que nuestra deuda se haya tenido que colocar a un 5% de interés y no se ha podido colocar toda, interés que no se alcanzaba desde 1997; o que Moody´s piense en rebajarnos el raiting; o que el paro sigue aumentando; o que el gobierno ha vuelto a equivocarse en otro dato, que solo en pensiones va a costarnos otros 2600 millones de euros; la subida de la inflación y así todos los desastres gubernamentales que nos afectan a los ciudadanos.
Ante tan graves temas, sin olvidar el terrorismo o la crisis con Marruecos, el asunto de los controladores ha venido muy bien a todos: al gobierno porque ha demostrado “firmeza” y desviado la atención y a la oposición porque, una vez más, no ha hecho nada y espera los réditos.
La pregunta es: ¿qué ocurrirá cuando haya una huelga salvaje de, pongamos, el metro de Madrid o el servicio de limpiezas de Valencia o agricultores bloqueando carreteras?, ¿nuevo estado de alarma o ya de sitio?.
Como última pregunta sobre nuestro “democrático” sistema: ¿cuantos estados de sitio o similares hubo en España desde inicio de los ´50 hasta la llegada de la democracia?, miremos los datos.