Una merma física me tiene un poco apartado de estos avatares de poner negro sobre blanco algunas ideas y pensamientos. Pero los acontecimientos de estos últimos días casi me obligan a sentarme ante del ordenador, pese a la mencionada merma.
El viaje de los monarcas a Ceuta y Melilla pone, una vez más, sobre la mesa la dificultad de las relaciones con el sátrapa alauí. Parece increíble que todos los gobiernos españoles hayan tenido tantas deferencias con Marruecos. Ya el General Franco, tras la independencia de Marruecos, quiso tener unas buenas relaciones, sin lugar a dudas recordando su pasado africanista y la ayuda en la Guerra Civil. Pese a ello se encontró con la guerra de Ifni-Sáhara, de cuyo inicio pronto se cumplirán 50 años, los incidentes en el Norte del Sáhara en 1960, la reivindicación de Ceuta y Melilla, constante, culminando, en las postrimerías de su vida, la Marcha Verde de la que se cumple aniversario en los próximos días.
Los gobiernos democráticos siguieron mostrando esa deferencia hacia el sucesor de Mohamed V, el tétrico Hassan II, pero ni Suárez, Calvo Sotelo, Felipe o Aznar consiguieron más que reclamaciones de los marroquíes y sucesivos desplantes, como en los temas de pesca o provocaciones como las de Perejil. La reacción firme de Aznar quedó un tanto diluida por la actitud traicionera del PSOE que no dudó en alinearse con las tesis marroquíes y que, a su llegada al poder, plasmó con nuevas concesiones de toda índole, no siendo las menos importantes las propagandísticas, como aparecer el Presidente Rodríguez debajo de un mapa con territorios españoles como si fuesen marroquíes. No menor ha sido la traición del gobierno y el partido socialista a los saharauis, cuando pasaron de referéndum en Andalucía por la autodeterminación del Sáhara a tragar con la idea de un Sáhara marroquí.
Pues bien, todas esas concesiones, sin olvidar el trágala con la cantidad de marroquíes que viven en España, las nunca despejadas dudas sobre la participación de los servicios secretos de ese país en el 11M, los apoyos ante la U.E., etc. no sirven de nada cuando se realiza algún gesto que aquella dictadura considera inadecuado, como ocurre con la visita de los reyes a Ceuta y Melilla. No voy a entrar en los derechos de España sobre esas ciudades, ni en su devenir histórico, es sabido y no hay más que decir. Lo que es lamentable son las reticencias en la propia España sobre las visitas de Estado a nuestras ciudades norteafricanas. Pocos Presidentes como tales han ido allí, Rodríguez si lo ha hecho, y no iba un rey desde hacía 80 años, ya que D. Juan Carlos y Dª Sofía en el ’70 lo hicieron como Príncipes de España. Esa cobardía, esa memez ante el tirano Hassan antes y Mohamed ahora no sirve más que para dar alas a los mismos y la posición del gobierno, mirando para otro lado como siempre, demuestra poca dignidad. Claro que no mucho mejor es el comportamiento del PP que si, por un lado, apoya la visita de los reyes por otro dice que apoyará al gobierno en sus esfuerzos por recomponer las relaciones con el vecino del sur. Yo me pregunto, ¿que hay que recomponer?, ¿quién ha retirado al embajador?, ¿quién intenta interferir en asuntos internos de España?. Me temo que, una vez mas, la mojigatería se acabe imponiendo y aunque la visita se realice acabemos, como siempre, haciendo concesiones al déspota de Rabat. ¿No ha llegado el momento de decir “basta ya” y, de una vez por todas, poner al pájaro de Mohamed y a toda la corrupta patulea que gobierna allí en el sitio que le corresponde?,o, ¿volveremos a tragar con una Marcha Verde o nuevos asaltos de inmigrantes teledirigidos a Ceuta y Melilla?. Si España no demuestra firmeza y me refiero a España y no solo al gobierno, tarde o temprano tendremos graves problemas y no solo en Ceuta y Melilla. Personalmente creo que mas vale frenarles allí y ahora que mas tarde y quizás aquí.
El viaje de los monarcas a Ceuta y Melilla pone, una vez más, sobre la mesa la dificultad de las relaciones con el sátrapa alauí. Parece increíble que todos los gobiernos españoles hayan tenido tantas deferencias con Marruecos. Ya el General Franco, tras la independencia de Marruecos, quiso tener unas buenas relaciones, sin lugar a dudas recordando su pasado africanista y la ayuda en la Guerra Civil. Pese a ello se encontró con la guerra de Ifni-Sáhara, de cuyo inicio pronto se cumplirán 50 años, los incidentes en el Norte del Sáhara en 1960, la reivindicación de Ceuta y Melilla, constante, culminando, en las postrimerías de su vida, la Marcha Verde de la que se cumple aniversario en los próximos días.
Los gobiernos democráticos siguieron mostrando esa deferencia hacia el sucesor de Mohamed V, el tétrico Hassan II, pero ni Suárez, Calvo Sotelo, Felipe o Aznar consiguieron más que reclamaciones de los marroquíes y sucesivos desplantes, como en los temas de pesca o provocaciones como las de Perejil. La reacción firme de Aznar quedó un tanto diluida por la actitud traicionera del PSOE que no dudó en alinearse con las tesis marroquíes y que, a su llegada al poder, plasmó con nuevas concesiones de toda índole, no siendo las menos importantes las propagandísticas, como aparecer el Presidente Rodríguez debajo de un mapa con territorios españoles como si fuesen marroquíes. No menor ha sido la traición del gobierno y el partido socialista a los saharauis, cuando pasaron de referéndum en Andalucía por la autodeterminación del Sáhara a tragar con la idea de un Sáhara marroquí.
Pues bien, todas esas concesiones, sin olvidar el trágala con la cantidad de marroquíes que viven en España, las nunca despejadas dudas sobre la participación de los servicios secretos de ese país en el 11M, los apoyos ante la U.E., etc. no sirven de nada cuando se realiza algún gesto que aquella dictadura considera inadecuado, como ocurre con la visita de los reyes a Ceuta y Melilla. No voy a entrar en los derechos de España sobre esas ciudades, ni en su devenir histórico, es sabido y no hay más que decir. Lo que es lamentable son las reticencias en la propia España sobre las visitas de Estado a nuestras ciudades norteafricanas. Pocos Presidentes como tales han ido allí, Rodríguez si lo ha hecho, y no iba un rey desde hacía 80 años, ya que D. Juan Carlos y Dª Sofía en el ’70 lo hicieron como Príncipes de España. Esa cobardía, esa memez ante el tirano Hassan antes y Mohamed ahora no sirve más que para dar alas a los mismos y la posición del gobierno, mirando para otro lado como siempre, demuestra poca dignidad. Claro que no mucho mejor es el comportamiento del PP que si, por un lado, apoya la visita de los reyes por otro dice que apoyará al gobierno en sus esfuerzos por recomponer las relaciones con el vecino del sur. Yo me pregunto, ¿que hay que recomponer?, ¿quién ha retirado al embajador?, ¿quién intenta interferir en asuntos internos de España?. Me temo que, una vez mas, la mojigatería se acabe imponiendo y aunque la visita se realice acabemos, como siempre, haciendo concesiones al déspota de Rabat. ¿No ha llegado el momento de decir “basta ya” y, de una vez por todas, poner al pájaro de Mohamed y a toda la corrupta patulea que gobierna allí en el sitio que le corresponde?,o, ¿volveremos a tragar con una Marcha Verde o nuevos asaltos de inmigrantes teledirigidos a Ceuta y Melilla?. Si España no demuestra firmeza y me refiero a España y no solo al gobierno, tarde o temprano tendremos graves problemas y no solo en Ceuta y Melilla. Personalmente creo que mas vale frenarles allí y ahora que mas tarde y quizás aquí.






Mañana, fiesta de la Virgen del Pilar, es también el día de la Fiesta Nacional. Confieso que no me siento especialmente atraído porque la fecha del descubrimiento de América se haya convertido en la fiesta de España. Reconociendo la gran gesta de los españoles y los muchos héroes que de allí surgieron tanto en el ámbito puramente militar, Hernán Cortés, Pizarro hasta el religioso, tantos misioneros que cristianizaron y civilizaron a lo que no eran, pese a la propaganda indigenista y progre, mas que pueblos salvajes sometidos a la tiranía bestial de algunas minorías, como los Incas, hasta el gran desarrollo de las leyes ,que hoy llamaríamos derechos humanos, del padre Las Casas y otros. Repito que aun reconociendo esa gesta y que debe ser recordada, pese al rechazo cada vez mayor entre los pueblos favorecidos y que no lo consideran así sino humillados, olvidando que quienes les humillan desde la independencia son su dirigentes y quienes les defendías eran las leyes y autoridades españolas, creo que España como tal tiene otras fechas mas importantes para su historia. Personalmente considero que hay dos fundamentales: el 2 de enero de 1492 cuando con la reconquista de Granada se puso fin a mas de siete siglos de dominación musulmana o el 2 de mayo de 1808 cuando el pueblo español, pese a la cobardía y entreguismo de su casta dirigente, se levantó contra la ocupación napoleónica brindando una de las gestas mas grandes de la historia protagonizada por un pueblo, si por un pueblo, el español. Creo que cualquiera de las dos reúne más méritos para ser nuestra fiesta nacional. Prueba de que para la mayoría de la gente el 12 de octubre es mas “el Pilar” que otra cosa es que nunca ha tenido arraigo entre nosotros como tal fiesta nacional y mas bien, como se decía antaño como Día de la Hispanidad, descafeinada también desde las lamentables celebraciones del quinto centenario donde el gobierno socialista de entonces dedicó mas tiempo a pedir perdón por la gloriosa gesta que a reivindicar con orgullo aquellos hechos. Tampoco las “hermanas” naciones americanas alabaron el hecho y, en plena eclosión del gorila rojo y los indigenistas, se atacaron los símbolos del descubrimiento y sus personajes en numerosas capitales de aquellas naciones. Por tanto, no parece que se trate de una medida muy acertada.
Hoy, día 7 de octubre es el aniversario de la “más alta ocasión que vieron los siglos” según Cervantes: la batalla de Lepanto. Es verdad que desde 1571 han pasado muchos siglos, pero aquel hecho histórico merecía, por lo menos, aparecer en las efemérides de los medios de comunicación. Si nos recuerdan el 70 aniversario de la evacuación de niños españoles a la URSS o el décimo aniversario del Teatro Real de Madrid, e incluso algunos la ocupación japonesa de las Aleutianas en 1942, uno de los hechos mas importantes de nuestra historia y de la cristiandad no debería olvidarse. Si ello ocurre es de suponer que será por aquello de no ofender a los musulmanes en aras de la Alianza de Civilizaciones o, simplemente, porque esos hechos, donde la iglesia y la religión tuvieron un papel esencial, mejor no divulgarlos en época de laicismo radical.
Asistimos sorprendidos y, por lo menos en mi caso, con regocijo a la transformación sufrida por Rodríguez y sus mamporreros en los últimos tiempos. Cual Saulo en el camino de Damasco, el Presidente por accidente se ha transformado y con el, ¡faltaría mas!, la muchachada “new red” pasando de la nación “concepto cuestionable” y a no mencionar nunca a España, como mucho el estado o el país, a decir por cualquier gilipollez, generalmente vinculada con prohibición o coste, la apostilla gobierno de España. Una gente que, memoria histórica, se paseaba en los ’70 pidiendo la autodeterminación del País Vasco, que, prácticamente, ni celebraron el 500 aniversario del Descubrimiento de América, recordemos los ataques por parte de la izquierda a dicho evento y al gobierno del señor X “celebrándolo” pidiendo excusas a todo el mundo, que no celebran la reconquista de Granada, que quitan del escudo de Aragón la cabeza del moro “por no ofender”, etc., etc., de pronto se envuelven en la palabra España y, parece ser, nos van a montar un fasto el próximo 12 de octubre. ¡Si a lo mejor vemos a Rodríguez o a Pepiño con una bandera española en la solapa!, sería fantástico. Ya decía aquel que el patriotismo era el último refugio de los sinvergüenzas y, efectivamente, cuando se usa el patriotismo por intereses bastardos quienes lo hacen son unos sinvergüenzas.
En un momento en que las políticas de izquierda en España atraviesan una situación de pura desorientación y dislate, con un PSOE a cuyo frente se haya un grupo ideológicamente radical e intelectualmente pobre, cuyos únicos objetivos son cambiar la historia y, sobre todo, mantenerse en el poder, parece llegado el momento de que la derecha inicie la revolución liberalconservadora como ya sucedió en EEUU y en el Reino Unido y podría estar iniciándose en Francia.
Cada día parece mas claro que el Sr. Gallardón es el “tonto útil” del PSOE y de todos aquellos que quieren una crisis en el PP para poder “refundarlo” según sus parámetros. Entre los interesados no solo está los socialistas, sino bastantes poderes fácticos que consideran todavía demasiado “aznarizado” al partido y, por tanto, rebelde a sus intereses. Los “Fefe”, Isidoro Alvarez, Hidalgo, etc. tienen una serie de intereses en común que pasan porque los dos grandes partidos españoles sean, prácticamente, lo mismo solo con los matices lógicos para que la gente pueda optar a votar por uno u otro.
“Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”. Quién, en 1997, leía y se adhería a este poema de Ziya Gökalp era el alcalde de Estambul Recep Tayyip Erdogan. Este hombre, una de cuyas primeras medidas en esa etapa (1994-98) fue prohibir el alcohol, formado en una escuela coránica, estrecho colaborador del Primer Ministro islamista Erbakan, expulsado del poder por el ejército, este es el dirigente que acaba de ganar con, aproximadamente, el 48% de los votos, las elecciones en Turquía. Al frente de su partido, el AKP, que el mismo formó en 2001 y en cuyo programa trató de “moderar” su acervo islamista en vista de lo ocurrido a su mentor Erbakan, acaba de repetir victoria, aumentando en mas de 12 puntos los apoyos obtenidos anteriormente. Incluso en supuestas ciudades occidentalizadas como Estambul ha ganado con el 45% de los sufragios, mientras que en la Anatolia profunda y el lejano este, donde el hibja deja paso al velo cuando no al chador, en Konya o Trebzon, donde asesinaron al sacerdote italiano Andrea Santoro por causa de las famosas viñetas sobre Mahoma, ahí, en esa Turquía islamita, ha conseguido mas del 60% de los votos.

