sábado, mayo 06, 2006

Aniversarios


Se celebra el 1417 aniversario del III Concilio de Toledo y el 479 del Sacco de Roma. Ambos eventos simbolizan la conjunción de Política y Religión que tantas veces marcó y marca, la historia del mundo en general y de la española en particular.
Con el Concilio de Toledo acabó el último gran cisma religioso en España cuando, a instancias de Recaredo, los godos arrianos se convierten al catolicismo dando paso a la unidad religiosa que nunca mas se vio afectada por escisiones, ya que el islamismo fue una aportación exterior y la Reforma apenas tuvo incidencia salvo en algunos círculos intelectuales. Esta unidad religiosa es una de las señas de identidad de España y, por ello, polo de atracción tanto para los defensores como de los detractores de nuestra nación. En muchas ocasiones la defensa de la fe se ha mezclado y confundido con la defensa de España, sobre todo a raíz de la invasión musulmana y se ha dilatado en el tiempo. La conquista de América se hace en nombre de la fe, para convertir a los indígenas, siendo la evangelización elemento esencial marcado tanto por reyes como por papas. La defensa contra el Islam a lo largo de los siglos es otro de los elementos esenciales de la política de los reyes españoles, sus Católicas Majestades, como se les definía. Y ese concepto ha llegado hasta el siglo XX, donde la conjunción de lo religioso y lo político se ha mantenido, siendo uno de los elementos que mas han enfrentado a los españoles entre si y también ha sido uno de los clichés negativos ante los extranjeros, recordemos la famosa leyenda negra.
En este tema se mezcla la realidad con la mentira, pues si bien es cierta esa conjunción, no menos cierta ha sido en muchos países del mundo y sigue siéndolo, recordemos los musulmanes, por ejemplo. Incluso en el orbe occidental algunos países como el Reino Unido, no solo han marginado a los católicos hasta hace apenas siglo y medio sino que la Reina de Inglaterra es la cabeza de la Iglesia anglicana y está prohibido ser Primer Ministro a un no anglicano, eso un país que tanto ha hecho por convertir la famosa leyenda negra en hecho histórico. También recordemos que la Inquisición se inicia en Francia bastante antes que en España que no fue menos, probablemente bastante más, dura que en España aunque de eso se hable poco.
A nivel interno el elemento religioso nos ha enfrentado desde las Cortes de Cádiz, cuyo liberalismo era, a diferencia del anglosajón, fuertemente anticlerical, quizás más que anticatólico, aunque ambos “antis” se han confundido frecuentemente. Mas tarde, anarquistas, socialistas y comunistas, identificaron Iglesia con el poder establecido y sirviéndose de esa identificación como símbolo contra la derecha, arremetieron furibundamente contra ella, con los resultados que todos conocemos de asesinatos de católicos, sacerdotes o seglares, quemas de iglesias, etc. en los años ´30 y durante la guerra civil. Por cierto, permítaseme una digresión, en los próximos días se van a cumplir el 75 aniversario de otras efemérides de la IIª república: la quema de iglesias, conventos y colegios, hablaremos de ello en su momento.
Siguiendo con la tema, la reacción de los católicos, aunque no solo de ellos, fue levantar, como símbolo de reacción contra el extremismo, la religión como bandera, de lo que el régimen de Franco se aprovechó para convertirlo en elemento esencial de su régimen, con la aquiescencia de la cúpula eclesial. Cúpula que se fue distanciando del Generalísimo cuando vio que se acercaba el fin de esa era. Iglesia que ha seguido jugando un papel político, ora en las Provincias Vascongadas, mas escorada hacia los nacionalistas que hacia los demás, al igual que en Cataluña, con actitudes, en algunas ocasiones, que al común de los creyentes nos ha dejado tristemente sorprendidos.
¡Y seguimos igual!, pues el gobierno socialista ha hecho del enfrentamiento con la Iglesia uno de sus santos y seña diferenciales, ora con choques directos, ora con el apoyo a decisiones inasumibles por la misma.
Ese uso político de la religión y de sus estructuras tiene hoy, como antes comenté, una segunda fecha: el asalto a Roma el 6 de mayo de 1527 por las tropas de Carlos V a las órdenes del duque de Borbón, hecho acaecido por la postura del Papa Clemente VII de apoyar a los enemigos del emperador, agrupados en la Liga de Cognac, Francia, Florencia y Venecia esencialmente. La razón era política, impedir la posesión de Italia por el emperador, lo que restaría influencia política al Papado en esa península. Para ello no dudó en apoyar la causa antiimperial pese a que en esos momentos Carlos V luchaba en el Mediterráneo y en el Este contra el que debía ser el verdadero enemigo de la Cristiandad, el sultán turco Solimán. Sin embargo, la Iglesia institución estaba demasiado embebida en intereses mundanos, políticos en este caso, y jugaba a la realpolitik aunque ello favoreciese a los enemigos del cristianismo. El colofón ya lo conocemos, la soldadesca amotinada, formada en gran parte por lansquenetes alemanes protestantes, arrasó la Ciudad Eterna, el Papa huyó y la Guardia Suiza, recién creada, fue aniquilada, por cierto que desde entonces es la fiesta de ese cuerpo de protección de los papas. A partir de ese momento, la influencia política del Papado se fue diluyendo hasta la desaparición de su ente político, los Estados Pontificios en los años ’70 del siglo XIX.
Si bien ese papel se diluyó, no desapareció y eventos tan cercanos, como la aparición de la Teología de la Liberación y su apoyo a las guerrillas marxistas de Latinoamérica, con curas guerrilleros como el célebre Camilo Torres o la llegada de sacerdotes a ministerios en la Nicaragua sandinista, como Ernesto Cardenal, así, como en el extremo opuesto ideológico, la fuerte influencia de Juan Pablo II en la caída del comunismo europeo, nos indican que la actividad política de la Iglesia católica continua. Aunque no solo la católica, otras como la Ortodoxa, elemento diferenciador de los servios en los enfrentamientos de los Balcanes, o convertida en elemento sustitutivo del comunismo en Rusia, Ucrania, etc., por no hablar de otras religiones, como el Islam, motor de toda la acción política de los países de esa confesión, e incluso de religiones mas bien apolíticas como el budismo o el hinduismo convertidas en elementos aglutinadores y rectores de sus comunidades. La religión y sus instituciones han jugado siempre, en mayor o menor grado, un papel político, a veces fomentado por las propias confesiones y otras veces por los políticos que han visto en ellas un banderín de enganche. Como símbolo de esa historia puede servir el recuerdo de los dos aniversarios que hoy se cumplen.

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