
La realidad es que, una vez mas, Mayor ha demostrado conocer perfectamente tanto a los asesinos como a los socialistas, dejando en muy mal lugar a quienes se burlaban de sus denuncias.
Ciertamente, Rodríguez y sus asesores para el tema, ya sea Marina, Eguiguren o Jáuregui, amén de Rubalcaba, aprendieron del ridículo sangriento que hicieron y esta vez han maniobrado por personajes interpuestos, especialmente por jetas dedicados al “negocio” de mediación en conflictos” por cierto muy bien remunerados. Los Currin y compañía están sirviendo de intermediarios entre la banda y el gobierno, a la vez que se han convertido en portavoces de ETS-Batasuna en el exterior, incluso con “actuaciones” en el Parlamento europeo, con el silencio cómplice del Estado español.
Los pasos son paulatinos, ahora detenemos un comando, ahora a ciertos cachorros que no están muy interesados en la nueva faceta, ahora soltamos a Usubiaga para que lleve la leche a mamá o a otras para que lleven a fecundar a sus chuchos a Francia, etc.
Junto a ello, manifestaciones supuestamente contradictorias: Alonso diciendo que no cabe en la cabeza reuniones con Batasuna y Rodríguez que los movimientos en la izquierda “tendrá consecuencias”; el supuesto lendakari, digo lo de supuesto porque ya hemos visto que quién manda es el PNV, mostrando “firmeza” y Eguiguren apareciendo como testigo de la defensa de Otegui y diciendo en ETB que el terrorista “es un hombre de paz y debería estar en la calle haciendo política”, sobran comentarios.
Lamentablemente el PP, mas bien su cúpula, sigue aferrado a su pacto con los socialistas y además de ignorar a gente como Vidal-Quadras o Mayor Oreja ha procedido al abandono de las víctimas, prefiriendo creer a los mentirosos que apoyar a los que sufren, con lo que, indirectamente, favorecen a los terroristas.
Pese a estos abandonos, esperemos que la manifestación del 6 de noviembre sea un éxito ya que las bases del PP y gran cantidad de ciudadanos están en contra de este nuevo pasteleo con los asesinos y hay que demostrarlo para forzar al gobierno y a la oposición a enfrentarse con ETA y DERROTARLA, no pactar con ella o con Bgatasuna para permitirles volver a las instituciones con un nuevo partido. Los terroristas deben ser vencidos y purgar sus culpas en la cárcel, no acabar de regidores o concejales de pueblos y ciudades, pues ello demostraría que la catadura moral de esta sociedad es repugnante.