lunes, enero 21, 2013

Corrupción: peligro para la democracia


 
Desde hace años, los casos de corrupción salpican a la clase económica y política. Asuntos como los de Luis Bárcenas, instalaciones en Islas Baleares, ere,s en Andalucía, Fundación PSOE, tres por ciento en Cataluña o financiación ilegal de UDC, etc. crean un  clima de preocupación en la opinión pública.

Pero el problema va mas allá de nuestra clase rectora, al fin y al cabo reflejo de una sociedad donde las corruptelas, desde dinero en negro, no pagar el IVA o arramblar con  elementos del trabajo, han sido y son moneda continua.

Nuestra sociedad, históricamente, ha sido la de Rinconete y Cortadillo, o la de los bandoleros de las serranías. Siempre el defraudador de Hacienda ha sido un héroe y los inspectores los villanos, por tanto que ese estado haya salpicado a nuestros rectores es la lógica de una sociedad enferma por ese lado.

Resulta curioso que mientras y con razón, apuntamos con el dedo a esos defraudadores, sigamos sin querer facturas o cobrando en negro, con lo que se produce una dicotomía irracional, pues no es solo la cantidad defraudada, o el hecho defraudatorio, como ficharse unos trabajadores a otros o fingir enfermedades inexistentes, sino el estado de conciencia colectiva.

Si algo está quebrando nuestro sistema político y social, son estos hechos, estas actitudes y la hipocresía de acusar al otro de lo que yo hago. Recordemos el viejo refrán de “ ponme donde haya, que de coger me encargo yo”.

Parece llegado el momento de que se produzca una catarsis colectiva que nos lleve a modificar esa mentalidad un tanto hampona y no solo exigir el castigo de las grandes corrupciones, sino también el de las pequeñas y las corruptelas, porque por ahí se empieza, con las chuletas en los exámenes, el amiguismo y las defraudaciones.

Los Bárcenas, corruptos del PSOE o de CiU deben pagar por sus fechorías, pero la ciudadanía debemos respetar la ley y no creernos los más listos en nuestras corruptelas y tonto el que no lo haga, pues por ese camino acabaremos siendo un estado, un país y una sociedad de poco fiara, tanto hacia nosotros mismos como hacia el exterior.

Dice el Fiscal general que va a ser beligerante contra la corrupción política, que así sea, pero también debemos la ciudadanía serlo en nuestro entorno, dejando de tolerar las nuestras y las de nuestros conciudadanos, pues así podremos exigir a nuestros dirigentes honradez y rectitud, sino será un ejercicio grave de hipocresía colectiva.

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