
La “nueva “savia que intentó
introducir so solo demostró su liviandad, su falta de contenido sino su sectarismo
absurdo y su reconocimiento de las realidades internas y externas. Las “chicas
de Rodríguez” las Aido, Trujillo, etc., demostraron su vacuidad y, junto al
resto de la guardia pretoriana, condujeron a España a la ruina y al PSOE al caos.
Si a ello añadimos que en Cataluña y Vascongadas se aliaron, en línea con el
jefe, con los separatistas y neoterroristas vemos como el partido, que ya dejó
de ser obrero, ahora dejaba de ser español.
La llegada de Rubalcaba a la
dirección no ha cambiado gran cosa, entre otras causas porque es un hábil
muñidor pero un nulo ideólogo, amén de que su contaminación con la peor época
del felipismo y su protagonismo en los años rodrigueriles no avalan una
regeneración socialista.
Además, en vez de
rectificar, se han empeñado en una batalla que roza la ilegalidad, con su apoyo
a los movimientos antisistema y sus intentos para deslegitimar al actual
gobierno, hechos que desestabilizan al país y que a ellos no le ha servido de
nada según hemos visto en Galicia y Vascongadas y, muy probablemente, pese a
sus apoyos a los secesionistas catalanes, en aquella comunidad en las próximas
elecciones.
España necesita un partido
socialdemócrata nacional y definido, en la línea de los partidos similares de
Europa u no una serie de bandas, corruptas y dispuestas a unirse a quién sea a
cambio de conseguir gobernar. Parece necesaria una refundación del socialismo
español, cosa que con la actual dirección no parece factible. Tampoco los
barones regionales tienen claridad de ideas más allá de intentar recuperar el
poder perdido y eso es malo para España,
pero peor para el socialismo que ve como a su izquierda emerge IU a
costa del socialismo y éstos lejos de definir su papel se lanzan cada vez mas “al
monte” del radicalismo mas obsoleto.
Esperemos, por el bien de la
democracia y de la estabilidad, que el PSOE vuelva a la moderna
socialdemocracia, lejos de veleidades radicales y guerracivilistas, parea que España
recobre la senda de la estabilidad y el progreso que se merece y a la que está
abocada por su historia reciente donde fuimos la admiración del mundo, de lo
contrario nos abocamos a la vieja inestabilidad y pobreza de épocas, afortunadamente,
pretéritas de nuestra historia.