Se cumple el décimo aniversario de la muerte de Madre Teresa y coincide con una renovada ofensiva contra la misma. Aprovechando la salida de un libro en el que se recoge un epistolario entre ella y sus directores espirituales, se aprovecha para exponer las dudas de fe que tuvo, como forma de atacar al catolicismo e intentar reconducir la santidad, así la reconocemos muchos aunque aun no sea oficial, hacia una generosidad puramente humana.A quienes somos católicos, las dudas de Madre Teresa no nos sorprenden, son las mismas o parecidas a las que tenemos los creyentes, dudas que proviene de quienes profesamos una religión que hace de tu libre albedrío uno de sus pilares. A diferencia de otras creencias o pseudocreencias, ahora tan en boga sobre todo desde que famosos esencialmente vinculados a la farándula se apuntan a esas modas, el catolicismo hace hincapié en la libertad del hombre y esa libertad nos lleva a hacernos preguntas, a preguntar a Dios, pues con El mantenemos un diálogo continuo, a cuestionarnos el bien y el mal. No siempre es fácil para el sencillo católico enfrentarse a los grandes interrogantes y a los problemas de la vida, pero con nuestra fe avanzamos en el camino de perfección que nos debe llevar a Dios.
Por tanto todos los católicos, santos y simples fieles, hemos tenido dudas y, probablemente, volveremos a tenerlas, por ello que Madre Teresa las sufriese la engrandece mas a nuestra vista, porque demuestra que era una persona de carne y hueso, no una “superwoman” de esas que nos quiere transmitir la cultura “posmoderna” como símbolo de la nueva mujer. No, Madre Teresa, una sencilla y débil mujer nacida en Skopje allá por 1910, no era una superheroina, era una sierva de Dios que se dio a los más pobres llevada por esa fe que le permitía sobrellevar la dureza del ambiente y los dramas que veía y vivía. ¿Cómo no iba a tener dudas en medio de esa Calcuta verdadero “corazón de las tinieblas”?, pero con su maravillosa fe, con esa alegría que nunca la abandonó, siguió ayudando a los mas miserables con un amor y entrega extraordinarias, no desde un humanismo ralo, sino desde esa fe católica que toda la vida la acompañó, con y sin dudas, con esa fe que permitió a su cuerpo enjuto bregar de sol a sol con las miserias de los mas desvalidos, con esa energía y vitalidad que Nuestro Señor le daba y que nos hizo quererla y admirarla.
Quienes, por intereses bastardos, intentan atacar su fe no conocen al personaje, no son capaces de comprender su magnífica labor, su ejemplo y la estela que ha dejado en millones de corazones, así como el ejemplo que dio a sus hermanas, lo que les permite continuar firmemente su obra. Roguemos a Madre Teresa que interceda por nosotros ante el Altísimo para que seamos capaces de tener solo una infinitésima parte de la fe que ella tuvo y del amor a los mas pobres que ella derrocho y, también, que interceda por quienes intentan disminuir su imagen católica en aras de intereses inconfesables, para que la luz se haga y vean que el magnífico personaje que es Teresa de Calcuta no se concibe sin su fe y su amor a Dios.

