Nuestro continente es la cuna de algunas de las civilizaciones fundamentales en la historia mundial, pero también es la cuna de pueblos orgullosos de si mismos enzarzados en guerras desde A.C. hasta 1945, algunas especialmente destructivas, no solo de vidas y bienes sino de ideas, lo que a su vez ha engendrado otras especialmente crueles y perniciosas, como el nacionalsocialismo o el comunismo. No creo que los europeos podamos sentirnos muy orgullosos del siglo XX.La derrota del nazismo en 1945, dividió en dos a Europa: a un lado la controlada por EEUU, democrática y libre , al otro lado de lo que Churchill llamó el Telón de Acero, la oprimida por el yugo comunista, pero en paz. El control que las superpotencias realizaban sobre sus acólitos evitaba que tuviesen una política distinta de la marcada por los grandes y así se mantuvo el equilibrio pacífico de Europa.
Aprovechando unos años sin guerras y bajo la tutela estadounidense y su Plan Marshall, algunos visionarios franceses y alemanes trataron de unir a los dos pueblos que más habían contribuido, sobre todo en el último siglo, a la destrucción de Europa. Pero como no eran unos ingenuos, sabían que las ideas de amistad y paz eran simples palabras, que los hechos concretos pasaban por la economía y unas instituciones democráticas y libres. Así Schuman, el Ministro de Asuntos Exteriores francés, impulsó la unión del carbón y el acero que plasmaría otro gran europeísta, Jean Monnet y el 18 de abril de 1951 de firmó el acuerdo de la CECA al que se adhirieron Francia, la República Federal alemana, el Benelux e Italia, dándose el primer paso hacia el Mercado Común. En la misma línea, aunque con otros objetivos, se había creado la OTAN en 1949, el Consejo de Europa, etc., instituciones donde los países de la entonces llamada Europa occidental aunaban esfuerzos en aras a objetivos comunes, pero tangibles: carbón y acero, defensa y otros, apoyados por instituciones donde se trataba de poner en común las ideas que podían unir a países tan diversos, pero siempre plasmándose en actuaciones sobre temas concretos.
La firma del Tratado de Roma en 1957, signado por los mismo países que la CECA, culminaba una era de acercamiento entre estados antaño rivales, ahora unidos por intereses comunes. Grandes europeístas como Spaak, Adenauer o Segni fueron firmantes del Tratado. Aquellos acuerdos, sostenidos antaño por el Plan Marshall y sin grandes preocupaciones defensivas al estar bajo el paraguas americano, hicieron prosperar a las naciones europeas, ya que Schuman y Monnet eran conscientes de que la unión política estaba muy lejana si es que algún día se alcanzaba. Conocían muy bien a los países europeos, su historia, sus ambiciones y sabían que Europa solo había estado unida por la violencia (Napoleón, Hitler). Desaparecidos esos estadistas idealistas, pero también realistas, aparece otra generación que intenta llegar a la unión política y aquí es donde quiebra el proceso. A ello se une la caída del telón de Acero y la descomposición de la URSS. Libres del férreo control, los viejos fantasmas vuelven a agitar al continente y, al igual que en los años 20, se inicia la descomposición de los estados: Checoslovaquia, Yugoslavia, tensiones entre Rumania y Hungría, entre Rumania y Rusia por Moldavia, etc. convirtiendo la Europa central y oriental en un polvorín al que debería hacer frente la Unión Europea creada en Maastricht, 1992, que intenta establecer una política exterior común, pero la guerras yugoslavas demuestran la imposibilidad de ello a la par que la debilidad militar y política de esa Europa que, otra vez, tuvo que depender de EEUU para apaciguar las crueles guerras balcánicas y solo cuando éstos intervienen se consigue un alto el fuego, poco mas es lo que en la práctica existe, en Bosnia o Kosovo. Al mismo tiempo que los políticos, cada vez mas desvinculados de la realidad de sus pueblos, intentan elaborar una Constitución para una Europa unida, mas estallan los conflictos nacionalistas en toda Europa y ya no solo en la central u oriental, también en la occidental. Alentados por las rupturas bálticas y balcánicas, catalanes, vascos, escoceses, corsos, flamencos y un largo etcétera buscan su “identidad nacional”, volviéndose al panorama, ya mencionado, de los años 20, aunque, salvo en los Balcanes y acciones terroristas, sin la violencia de la época.
Sin embrago, los políticos parecen no enterarse y creen que cuanto mas leyes y mas normas impongan mas se irá hacia la unida europea y así, a espaldas de sus pueblos y por medios nada democráticos, lo único que van creando es una estructura parasitaria de burócratas bien pagados, que se pasan el día elaborando informes, los que tiene algo que hacer, y viajando entre sus paises, Estrasburgo o Bruselas, en reuniones interminables que no suelen servir para solucionar ninguno de los problemas de los ciudadanos. El colmo de la irrisión será aquella farragosa Constitución Europea que, prácticamente, legislaba toda la vida ciudadana y que fue rechazada o escasamente votada por los ciudadanos de las naciones que tuvieron la posibilidad de pronunciarse en referéndum, ya que muchos estados prefirieron hacerla pasar por el trámite parlamentario para evitar derrotas del texto.
En paralelo, los antiguos paises de la órbita comunista entraban o deseaban hacerlo, en la Unión, pero no para perder su independencia política, sino para aprovechar los generosos estipendios económicos que, alegremente, con el dinero de los ciudadanos europeos se distribuía, sin ningún control de esos mismos ciudadanos, por los euroburócratas y sus dirigentes políticos.El fracaso de la Constitución, la incapacidad de Europa de hablar con una sola voz y con fuerza ante los graves problemas internacionales, desde Irak hasta Irán o desde Birmania a Corea del Norte, demuestran la irrealidad de esa unión política. Los grandes padres de Europa lo sabían y por ello quisieron ir paso a paso, basándose en hechos concretos y que sirviesen a sus pueblos. Desgraciadamente hoy no existen Schuman, Monnet, De Gasperi o Adenauer, nos gobierna una casta de tactistas de la política que solo quieren perpetuarse el poder, arropados por una legión de burócratas que no quieren perder el momio de unos empleos poco exigentes y muy lucrativos. Mientras tanto, el entusiasmo europeísta va desapareciendo paulatinamente, mientras resurgen las fuerzas de los nacionalismo identitarios. Si los actuales dirigentes europeos no dan un golpe de timón, no es que la unión política no se realice, que no se va a realizar, es que podemos encontrarnos en una situación muy similar a la de los años 30 con la democracia y la libertad en peligro ante los extremismos exaltados.







Mañana, fiesta de la Virgen del Pilar, es también el día de la Fiesta Nacional. Confieso que no me siento especialmente atraído porque la fecha del descubrimiento de América se haya convertido en la fiesta de España. Reconociendo la gran gesta de los españoles y los muchos héroes que de allí surgieron tanto en el ámbito puramente militar, Hernán Cortés, Pizarro hasta el religioso, tantos misioneros que cristianizaron y civilizaron a lo que no eran, pese a la propaganda indigenista y progre, mas que pueblos salvajes sometidos a la tiranía bestial de algunas minorías, como los Incas, hasta el gran desarrollo de las leyes ,que hoy llamaríamos derechos humanos, del padre Las Casas y otros. Repito que aun reconociendo esa gesta y que debe ser recordada, pese al rechazo cada vez mayor entre los pueblos favorecidos y que no lo consideran así sino humillados, olvidando que quienes les humillan desde la independencia son su dirigentes y quienes les defendías eran las leyes y autoridades españolas, creo que España como tal tiene otras fechas mas importantes para su historia. Personalmente considero que hay dos fundamentales: el 2 de enero de 1492 cuando con la reconquista de Granada se puso fin a mas de siete siglos de dominación musulmana o el 2 de mayo de 1808 cuando el pueblo español, pese a la cobardía y entreguismo de su casta dirigente, se levantó contra la ocupación napoleónica brindando una de las gestas mas grandes de la historia protagonizada por un pueblo, si por un pueblo, el español. Creo que cualquiera de las dos reúne más méritos para ser nuestra fiesta nacional. Prueba de que para la mayoría de la gente el 12 de octubre es mas “el Pilar” que otra cosa es que nunca ha tenido arraigo entre nosotros como tal fiesta nacional y mas bien, como se decía antaño como Día de la Hispanidad, descafeinada también desde las lamentables celebraciones del quinto centenario donde el gobierno socialista de entonces dedicó mas tiempo a pedir perdón por la gloriosa gesta que a reivindicar con orgullo aquellos hechos. Tampoco las “hermanas” naciones americanas alabaron el hecho y, en plena eclosión del gorila rojo y los indigenistas, se atacaron los símbolos del descubrimiento y sus personajes en numerosas capitales de aquellas naciones. Por tanto, no parece que se trate de una medida muy acertada.
Hoy, día 7 de octubre es el aniversario de la “más alta ocasión que vieron los siglos” según Cervantes: la batalla de Lepanto. Es verdad que desde 1571 han pasado muchos siglos, pero aquel hecho histórico merecía, por lo menos, aparecer en las efemérides de los medios de comunicación. Si nos recuerdan el 70 aniversario de la evacuación de niños españoles a la URSS o el décimo aniversario del Teatro Real de Madrid, e incluso algunos la ocupación japonesa de las Aleutianas en 1942, uno de los hechos mas importantes de nuestra historia y de la cristiandad no debería olvidarse. Si ello ocurre es de suponer que será por aquello de no ofender a los musulmanes en aras de la Alianza de Civilizaciones o, simplemente, porque esos hechos, donde la iglesia y la religión tuvieron un papel esencial, mejor no divulgarlos en época de laicismo radical.
Asistimos sorprendidos y, por lo menos en mi caso, con regocijo a la transformación sufrida por Rodríguez y sus mamporreros en los últimos tiempos. Cual Saulo en el camino de Damasco, el Presidente por accidente se ha transformado y con el, ¡faltaría mas!, la muchachada “new red” pasando de la nación “concepto cuestionable” y a no mencionar nunca a España, como mucho el estado o el país, a decir por cualquier gilipollez, generalmente vinculada con prohibición o coste, la apostilla gobierno de España. Una gente que, memoria histórica, se paseaba en los ’70 pidiendo la autodeterminación del País Vasco, que, prácticamente, ni celebraron el 500 aniversario del Descubrimiento de América, recordemos los ataques por parte de la izquierda a dicho evento y al gobierno del señor X “celebrándolo” pidiendo excusas a todo el mundo, que no celebran la reconquista de Granada, que quitan del escudo de Aragón la cabeza del moro “por no ofender”, etc., etc., de pronto se envuelven en la palabra España y, parece ser, nos van a montar un fasto el próximo 12 de octubre. ¡Si a lo mejor vemos a Rodríguez o a Pepiño con una bandera española en la solapa!, sería fantástico. Ya decía aquel que el patriotismo era el último refugio de los sinvergüenzas y, efectivamente, cuando se usa el patriotismo por intereses bastardos quienes lo hacen son unos sinvergüenzas.
En un momento en que las políticas de izquierda en España atraviesan una situación de pura desorientación y dislate, con un PSOE a cuyo frente se haya un grupo ideológicamente radical e intelectualmente pobre, cuyos únicos objetivos son cambiar la historia y, sobre todo, mantenerse en el poder, parece llegado el momento de que la derecha inicie la revolución liberalconservadora como ya sucedió en EEUU y en el Reino Unido y podría estar iniciándose en Francia.
Cada día parece mas claro que el Sr. Gallardón es el “tonto útil” del PSOE y de todos aquellos que quieren una crisis en el PP para poder “refundarlo” según sus parámetros. Entre los interesados no solo está los socialistas, sino bastantes poderes fácticos que consideran todavía demasiado “aznarizado” al partido y, por tanto, rebelde a sus intereses. Los “Fefe”, Isidoro Alvarez, Hidalgo, etc. tienen una serie de intereses en común que pasan porque los dos grandes partidos españoles sean, prácticamente, lo mismo solo con los matices lógicos para que la gente pueda optar a votar por uno u otro.
