El interés mediático en la llamada primavera árabe, ha ocultado lo que en paralelo y simultáneamente, a veces mezclándose, ocurría con una parte de la población del Norte de África: los bereberes. Los marginados del mundo musulmán, siempre sospechosos para los demás, aprovecharon la ocasión para volver, por enésima vez, a levantarse en defensa de sus derechos y contra la marginación. Los bereberes son el elemento autóctono de la zona, estuvieron imbricados en la política entre Cartago y Roma, ya dando pruebas de su división, entre los reyes Gaia, procartaginés y Masilisa proromano. Con la invasión musulmana, los bereberes, romanizados y cristianizados, resistieron durante más de 30 años la expansión islámica y cerca de trescientos tardaron en ser convertidos, aunque siempre fue un islam muy moderado, manteniéndose algunos bereberes cristianos.
Ellos mismos se llaman imazighen ( hombres libres ) y constituyen más del 40% de la población de Marruecos, entre 20 y 25% en Argelia y cantidades menores en Libia, Túnez , Egipto, Mauritania y Níger, entre 55 y 70 millones de personas, además de unos 3 millones en Europa, aunque divididos en numerosas tribus lo que favorece su división, aprovechada por sus enemigos. Sin embargo siempre han sido considerados segundones en el mundo árabe, dando lugar a repetidos levantamientos ya desde el siglo VIII. En la invasión de España, participaron mayoritariamente, pero fueron dejados de lado y Tarik, su jefe, se vio obligado a ceder ante el árabe Musa. Aunque hubo algunas dinastías bereberes en España, durante los reinos de taifas, la mayoría fueron retribuidos con las peores tierras conquistadas. A lo largo de los siglos, los bereberes se distanciaron de los árabes, creando movimientos radicales como los almohades o almorávides, que pronto desaparecían, tanto por las derrotas ante los reyes cristianos como por la falta de apoyo árabe.
A partir de las conquistas coloniales del siglo XIX, los bereberes generaron revueltas contra los poderes títeres y coloniales, recordemos la brutal guerra del Rif, los levantamientos en la Kabilia argelina contra Francia o las campañas italianas contra Muhktar. Pese a ello, siempre fueron más proclives a llegar a conciertos con los colonialistas que con los árabes, hasta el extremo de que los años ’50, desde su exilio, el líder rifeño Abdel Krim, ofertó apoyar a España para impedir que el Rif se incorporara a un Marrueco arabizado. España no solo no aceptó, sino que colaboró con asesores a la brutal represión de 1959, cuando el entonces Príncipe Hassán mandó a las recién creadas FAR contra el pueblo rifeño. También las tribus del sur estaban levantiscas, pero el hábil Hassán consiguió desviarlas hacia Ifni y Sáhara en lo que fue la guerra contra España de 1957-58. Estos hechos plasmaron uno de los problemas del pueblo bereber: su división.
También en Argelia, los kabileños lucharon contra Francia, pero inmediatamente tras la independencia se enfrentaron al gobierno árabe de Ben Bella, en 1963 y desde entonces los incidentes no han parado, aunque el gobierno aprovechó la espiral terrorista de los ’90 para castigar a los kabileños, esencialmente contrarios al G.I.S., pero acusándoles de colaborar con zquellos terroristas.
Nuevamente en Marruecos, el 19 de febrero de 1984, ante la miseria que asolaba la región, se manifiestan los rifeños y vuelven a ser aplastados por, el ahora rey, Hassán II, volviendo la brutal represión, con unas mil víctimas, lo que no impide que sigan las revueltas.
Aprovechando la mal llamada primavera árabe, los bereberes vuelven a sus reivindicaciones, siendo, a pesar de ser una minoría en Libia, los vencedores de la guerra contra Gadafi, ya que mantuvieron abierta la frontera de Túnez, liberaron Misrata y capturaron y mataron, de manera repugnante, todo hay que decirlo, al propio líder libio y han impedido la implantación de la sharia.
También en Marruecos, los rifeños han vuelto a levantarse, generando fuertes protestas brutalmente reprimidas por la satrapía marroquí y se espera una gran manifestación el día 19 en conmemoración de la masacre de 1984.
También en Marruecos, los rifeños han vuelto a levantarse, generando fuertes protestas brutalmente reprimidas por la satrapía marroquí y se espera una gran manifestación el día 19 en conmemoración de la masacre de 1984.
Occidente no debería olvidarlos, pues se trata de un pueblo sin estado pero que mantiene unas normas mucho más moderadas que los musulmanes árabes y no son refractarios a Europa. Quizás hay que dedicar algo menos de entusiasmo a los triunfadores islamistas en Marruecos, Túnez o Egipto y apoyar, además de a los pocos demócratas, a este pueblo moderado, orgulloso y con una gran historia, pero humillados por los arabizados y tendremos unos amigos musulmanes mucho más fieles que los actuales.

Hoy, día 7 de octubre es el aniversario de la “más alta ocasión que vieron los siglos” según Cervantes: la batalla de Lepanto. Es verdad que desde 1571 han pasado muchos siglos, pero aquel hecho histórico merecía, por lo menos, aparecer en las efemérides de los medios de comunicación. Si nos recuerdan el 70 aniversario de la evacuación de niños españoles a la URSS o el décimo aniversario del Teatro Real de Madrid, e incluso algunos la ocupación japonesa de las Aleutianas en 1942, uno de los hechos mas importantes de nuestra historia y de la cristiandad no debería olvidarse. Si ello ocurre es de suponer que será por aquello de no ofender a los musulmanes en aras de la Alianza de Civilizaciones o, simplemente, porque esos hechos, donde la iglesia y la religión tuvieron un papel esencial, mejor no divulgarlos en época de laicismo radical.
